El despertar del día se hace cada vez más madrugador en
estos lares sureños, pronto llegará el Equinoccio de Primavera para quienes
vivimos en el Hemisferio Sur y disfrutaremos por un tiempo de muchas más horas
de claridad desde el amanecer hasta el anochecer.
Ya se respira aroma a flores de lavanda y las abejas
revolotean buscando saciar su sed con el néctar, polinizar y alimentar a su
majestad la reina…
Los pájaros deambulan de un lado a otro procurando preparar
sus nidos y alimentos para sus crías, o se posan en alguna rama segura para
deleitarnos con su canto trinero.
La naturaleza empieza a regalarnos un arcoíris de colores,
motivador para cual vasto artista plástico que procure recrearlo en un lienzo,
en una foto, en un tapiz, en un tallado de madera u otra forma de expresión manual,
como la orfebrería o la cerámica.
Es época de estar más alegre, de cantar y bailar al son del
viento, de las olas, de las sombras juguetonas que nos regala el astro rey; época
de recorrer el campo, los parques en busca de alguna especie animal que da sus
primeros pasos o asoma en el vientre gestante de su madre.
Podría decir que pronto las calles y plazas se colmarán de
niños y niñas correteando atrás de una pelota, jugando a la escondida, a la mancha,
al trompo, a las muñecas, a la casita, a la rayuela, remontando cometas, aunque los tiempos han
cambiado y ya son otros los intereses en la infancia, otra la situación social
u otra la situación familiar donde pocos ejemplos vemos de lo antes mencionado.
De todas formas, disfrutemos siempre que podamos en familia,
con los amigos, con las mascotas, con quienes sintamos agrado o necesidad… y ante una situación difícil o incomprensible,
esbocemos una sonrisa amplia, tan amplia hasta llegar a reír… reír a carcajadas…
que hace bien al alma.
