Hoy
27 de marzo es la oportunidad de retomar el camino de la expresión, del sentir, de las anécdotas o de lo que surja en
mi esencia para compartir en este espacio que he llamado “El portón de la
abuela”.
Una
noche de marzo de 1913, más precisamente
el día 27, nacía en Tacuarembó mi abuela
Emérita, hija de Carlos Arezo y Evarista Puentes.
Años
más tarde dejaría en esa tierra de la “Patria Gaucha”, su casa paterna ubicada
en las cercanías de la “Laguna de las Lavanderas” para instalarse junto a su esposo,
Hermenegildo López en la capital canaria; en Canelones.
Juntos
conformaron una familia numerosa desde su hogar ubicado en el barrio Tres
Esquinas. Allí podían verse los camiones de la empresa “TRALE” ubicados en las calles aledañas, en la época que mi abuelo y luego algunos de
sus hijos se dedicaron a este rubro cuya tarea era recoger la leche de los
tambos para trasladarla a “CONAPROLE”. También se destacaron en la pasión por
el fútbol o las actividades nativistas, entre otras.
En
el caso de mi abuela, se dedicó a las tareas hogareñas, alternando con su gran
devoción católica-cristiana, la costura, el crochet y las creaciones en
cerámica entre lo que recuerdo en este momento con más firmeza, porque fue de
lo que más pude compartir con ella en parte de mi infancia y adolescencia.
Las
circunstancias de la vida como suele decirse, luego de fallecido mi abuelo
Hermenegildo y por hechos ocurridos, también, en mi propia familia, llevaron a
que en la etapa adulta se produjera un distanciamiento intermitente…
Hoy, en su cumpleaños, la recuerdo así de coqueta, con su gran sonrisa casi siempre de
tonos rojizos, con su cabellera con tintes entre castaño-rubioso cuyo peinado se perpetuaba por el auxilio del
fijador, su andar elegante marcando presencia, mientras el paso del tiempo se
lo permitió y su salud le daba tregua.
Recuerdo, también, que cada cumpleaños le pedía a su “diosito” un poco más de tiempo para estar en
esta tierra y su ruego fue renovado por casi un siglo de existencia terrenal.
Hoy
me motiva esta foto a homenajearla, donde se encuentra junto al portón de su
casa con uno de sus hijos, mi padre, Nestor Roberto López Arezo.
Hoy…
ese portón de la abuela Emérita ya no existe
porque en esa casa han ocurrido cambios arquitectónicos… como tampoco ya no existe en mi vida el
portón de la abuela Anita porque el destino así lo dispuso… así que ahora me
queda evocar “el portón de la abuela” como simbolismo y como puente para
emprender un nuevo camino donde ellas como Seres de Luz acompañarán cada paso
que dé…
Me
despido recordando un mensaje escrito hace dos años en la página del blog “Camino
de rosas… mensajes para leer, sentir, vivir” y confío que pronto se vendrá una nueva ronda de mensajes u otros temas para compartir con quien visite este espacio virtual...
Domingo 27 de enero de 2019:
"Debes enfocarte en tus
proyectos... Mira hacia adelante... Embárcate en tus sueños... Todo
saldrá bien."
Abrazo de Luz






