Eres esa gota de
rocío que acaricia la gramilla.
Eres esa risa
contagiosa que te dignifica.
Eres esa persona
tierna que conquista corazones.
Eres impulso y luz para el motor de mi vida.
Es aquí que la luna
corre a la noche
para el amanecer de
un nuevo día.
Es aquí que el
presente se transforma en pasado
en la escritura de
esta hoja de vida.
Y ahí estabas,
paciente y quieta,
esperando que
nuestras miradas se cruzaran,
luego de transitar
por ese pasillo mágico
el cual no sabíamos
que depararía al final del camino.
El corazón palpitaba
cada vez que el brillo de tus ojos
se chocaba con los
míos y asomaba en ambas una amplia sonrisa.
Y ahí estaban esas palomas curiosas que deambulaban
junto a la ventana para
hacernos compañía.
Y ahí estaban esas
estrellas caprichosas
mostrándose en la
inmensidad etérea
o jugando a la
escondida entre nubes y nebulosas.
Y ahí estaba yo,
siempre que podía, masajeando tu espalda
para ayudarte a abrir las alas y volar al
infinito.
Y ahí estaba yo,
incrédula en ver que ese día llegaría.
Y ahí estabas tú,
mimosa, para aprender juntas
a decir te quiero a tiempo.
Y hoy, a la distancia
infinita te doy gracias mamá
por el aprendizaje de vida vivida y el
porvenir.
Y hoy, cual girasol
en flor giro, giro, giro
al son de los rayos
de luz de mi regente, el astro rey,
en busca de escribir ya
una nueva historia en mi libro de vida.


Me encantó!!!
ResponderEliminarGracias Luján.
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