A veces necesitamos
tomar distancia de algunas vivencias y recogernos en nuestras entrañas como el oso
en la madriguera para resurgir con más ímpetu en el inicio de la primavera.
Hoy 7 de setiembre
es un día muy especial. Un día como hoy, hace 35 años se daba el inicio de una
nueva etapa en mi vida y en la de mi abuela Ana. Se producía el fin de su
existencia terrenal y a partir de ese momento se cerraba un capítulo en común de
nuestro Libro de Vida, se acabarían las idas a su casa, en especial los fines
de semana, esa complicidad que habíamos logrado de sentirnos tan unidas una con
otra.
Hoy a la distancia
evoco con cariño cada momento compartido, sus momentos de alegría, de tristeza,
de enojos, de dolores físicos y del alma que iban quedando marcados en sus
rasgos faciales o corporales.
Hoy, en tu memoria
abuela, retomo el camino del lenguaje, de la expresión, por el amor infinito y la gratitud que debemos
profesarnos unos a otros.
Hoy celebro los
brotes del rosal y del jazmín que pronto serán las flores que adornarán el
jardín.
Hoy celebro a las
abejas que zumban y zumban sobre la lavanda buscando saciarse de su néctar.
Hoy…
es una breve palabra… que da inicio a un prometedor mañana… y así será cada día…

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