Camino de Pascua... un sinfín de señales y gestos...

 

Un año más transcurriendo la Semana Santa en circunstancias especiales…

La “celebración de la Pascua” es como la “celebración de la Navidad”, acontecimientos religiosos que algunos viven desde la fe, desde sus diferentes creencias o ritos conmemorativos y otros se acoplan a la festividad motivados por el sentido del consumismo, propio de cada fecha.

En ambas se celebra la Vida como Existencia y como Esencia: el nacimiento de Jesús en Navidad y la Resurrección de Jesús en Pascua, en el caso de los cristianos; y es el modo al que haré referencia dada mi formación en la fe.

En mi niñez, adolescencia y hasta en la etapa adulta, tuve diferentes instancias de formación en la fe cristiana y católica. También tuve oportunidad de transmitir esos conocimientos, sentires y vivencias a otras personas, especialmente niños y adolescentes, como catequista en la Comunidad de la Capilla (Iglesia o Parroquia, según distintos momentos de estructura y reconocimiento diocesano) dedicada a la Virgen “Nuestra Señora de Fátima”.

Desde que mi madre empezó a participar de los Retiros Espirituales para Mujeres en la Casa de Ejercicios Espirituales de Villa Guadalupe, con la guía de las Hermanas Claudia y Elisa principalmente (de la Congregación de Hermanas Cooperatrices Parroquiales de Cristo Rey), tuve oportunidad de acompañar esas instancias colaborando con mi madre en la confección de tarjetitas con frases seleccionadas para cada oportunidad y que ella complementaba con algún detalle a forma de souvenir, cuando era posible, para entregar a sus compañeras de retiro, de camino en la fe desde el “silencio y la reflexión”.

Con el tiempo, y por distintas circunstancias, he tomado distancia de algunas celebraciones religiosas; mas esto no ha incidido en mi creencia, en mi convicción de fe… todo lo contrario, ya que me ha llevado a seguir interiorizándome en el “camino de la Luz” donde últimamente y convencida que es un camino esperanzador, me formé en Angeología… por supuesto que queda mucho por andar… atendiendo la premisa de Jesús “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Evangelio de San Juan, capítulo 14, versículo 6).

En el “mundo de los humanos” a veces hay actitudes que se contradicen con las convicciones o “enseñanzas cristianas”…

Hace un tiempo breve que el planeta está sumergido en una “lucha de poderes” para ver quién es más fuerte, quien tiene la verdad, quien tiene más poder, quien adquiere más trascendencia, quien se “corona” como el mejor, quien tiene mayor y mejor rédito del aprovechamiento de las circunstancias y en forma consciente o insconsciente se traduce en instalar en los adeptos el miedo o la desestabilización por sus posesiones, por su dominio territorial inmediato o más amplio.

Esto también se visualiza con gestos o actitudes violentas provocadas por el “acallamiento forzado” o el agobio que nos impide hacer uso correcto de lo que nos da vitalidad, como lo que agradecemos cada amanecer y anhelamos antes del descanso al final de la jornada: respirar, sinónimo de hálito de vida…

En la vida también he tenido oportunidad de formarme como maestra y a través del ejercicio del magisterio he transitado como docente en diferentes roles y niveles educativos, desde educación inicial, educación primaria y educación media (como profesora de Secundaria y Educación Técnico Profesional). Antes de volver a trabajar como maestra también participe como Docente Educadora para la Salud, donde debía acompañar a la comunidad educativa (alumnos - equipo docente y no docente - familia – vecinos) en instancias de prevención – educación y promoción sobre diferentes temáticas de la salud vitales y emergentes a nivel local o global.

Cada paso dado me ha llevado a seguir avanzando y profundizando en diferentes temáticas  para formarme y ser quien soy, con la lógica que aún debe quedarme mucho por andar y aprender.

Estoy convencida que muchas de las cosas que he vivido forman parte de un “plan divino” y de mi ha dependido como estar “presente” en cada etapa del mismo, así como sentir que cada acontecimiento me lleva a responder al cuestionamiento “¿para qué?” y estar segura que la respuesta, desde mi esencia, es “para seguir evolucionando”…

Cuando mi madre estaba transitando la última etapa de su vida terrenal tuve oportunidad de formarme en Decodificación Biológica de las Enfermedades de los Seres Vivientes o como nos decía Enrique Bourón, con quien me formé: “Biología Total de los Seres Vivientes y la Decodificación Biológica”. 

Esta formación me permitió acompañar y comprender lo que estaba pasando en mi vida, en mi relación con mi madre, con mi padre, nuestra historia familiar y lo que puede o pudo influir nuestro existir transgeneracional.

En el caso de mi madre, estuvo los últimos tres meses de vida internada en CTI ingresada por neumonía. Hubo momentos de mejoría, momentos de complicaciones, momentos que pude estar junto a ella y otros que por su propio estado o por disposición del funcionamiento del CTI debíamos estar en la sala de espera hasta el momento del informe diario. Cada “visita   permitida” era una alegría, con solo mirarnos, sonreír, encontrar complicidad en nuestros gestos confiadas que en cada despertar íbamos a encontrarnos entre medio de sonidos mecánicos propios de ella o ajenos, para conversar, ponernos al día, ayudarla a ingerir algún alimento cuando era posible y sentirnos acompañadas por la “paloma del quinto piso” que oronda caminaba por el zócalo de la ventana… También cuando era posible teníamos la “visita permitida” nocturna para despedirnos… hasta que un día su cuerpo  físico ya se cansó y murió… Lo que tengo claro es que “no murió por neumonía”… Simplemente “por obra y gracia divina”  llegó su momento de espirar… Lógicamente su ausencia aún se siente, mas su “presencia” está en muchos  recuerdos físicos que aún perduran en mi poder y que hacen a su esencia, así como los recuerdos inmateriales de sus gestos, su risa y las anécdotas compartidas con su familia, sus amigas y compañeras en distintos ámbitos sociales…

Esta Semana Santa de recogimiento y aislamiento, tanto voluntario como atendiendo a las recomendaciones sanitarias  basadas en el respeto y la empatía para con los convivientes sociales,  me han llevado a reflexionar sobre algunos temas personales y actuales…

Algo que llamó mi atención, volviendo al ámbito religioso, a las actitudes contradictorias, y lo manifiesto con sumo respeto, es el hecho que el Papa Francisco se negara a lavar los pies a “sus discípulos”…

Él como máxima autoridad de la Iglesia, rol instaurado por Jesús a San Pedro (Evangelio de San Mateo, capítulo 16, versículo 18) se “doblegó”, se “negó” y “traicionó” una tradición cristiana en estas fechas como lo hicieron  Pedro y Judas Iscariote, de acuerdo a lo que les dijo Jesús (Evangelio de San Juan, capítulo 13, versículos 4 a 38)…

Este hecho, lógicamente, llevó a cuestionarme: “¿Dónde está su FE? ¿Qué es DIOS para él? ¿A quién representa entonces? ¿Qué queda para los simples creyentes? ¿Qué MENSAJE me puede dar FORTALEZA y CONFIANZA?”

Las respuestas, lógicamente,  debes buscarlas en tu corazón… 

La Semana Santa es… una oportunidad personal… de reflexión y elección… por la VIDA… por la VERDAD… por  la LUZ…



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